miércoles, 27 de octubre de 2010

De Ramanujan a Shimla

De todas las ciudades que he visitado desde que estoy aquí, si tuviera que elegir una para pedirme una beca de movilidad dentro del territorio nacional (como la beca Séneca en España), sin duda sería a Shimla. No sabemos si este tipo de becas existen en el sistema universitario indio, pero nosotros ya le hemos puesto nombre, por si acaso, XD (Ramanujan fue un genial matemático indio de principios del siglo XX).


Tras dejar Chandigarh, un poco decepcionado, cogimos dos trenes en un día: el primero hasta Kalka, y el segundo hasta Shimla, que está algo más de dos mil metros de altitud. Precisamente este último trayecto está muy recomendado por guías y oficinas de turismo, y es que el recorrido es simplemente espectacular (a tenor de las fotos). Durante aproximadamente 95 Km. se pasa por innumerables túneles y viaductos y nunca a más de 30 Km/h (como reza el cartel de información en la estación de Kalka), ¡¡razón por la que se tardan más de 4 horas y media en llegar!!; pero para nada se hace pesado, al contrario. Faltan fotos para captar toda la naturaleza que literalmente inunda las vías y las diminutas estaciones emplazadas en medio de la nada. En una de las múltiples paradas que realiza el convoy, nos encontramos con un grupo de scouts que estaban asistiendo a un curso de formación. No había caído hasta entonces, pero qué mejor sitio para ser scout y salir al campo que un país tan selvático como este.


La ciudad de Shimla (o Simla) es la capital del estado de Himachal Pradesh, literalmente Región de montañas nevadas, y tiene unos 145.000 habitantes. Hasta la llegada de los británicos no era más que un claro en el bosque. Este lugar comenzó a tomar relevancia cuando, a principios del siglo XIX, un británico construyó allí una casa de veraneo; años más tarde, se convirtió en la capital oficial de verano del Raj. En 1.903 se inauguró la línea de tren que cogimos nosotros (y que yo creo que no ha cambiado lo más mínimo, XD), lo que le aseguró el estatus de complejo vacacional de montaña más importante del país. Se extiende a lo largo de una cresta de 12 Km, y de las cosas que más me impresionaron fueron la limpieza de sus calles y el centro de la ciudad, que es completamente peatonal; hecho éste último impensable en ciudades del sur como Chennai, diseñadas por y para el tráfico rodado. Además, se pueden encontrar  edificios pintorescos de la era británica. No faltaron, por supuesto, las compras en los mercados nepalí y tibetano que andaban repartidos por la ciudad. Los precios eran cuanto menos irrisorios, de hecho, había ropa de marca con mejor pinta que la que se puede encontrar en Europa, pero ante ese dinero, la palabra falso rondaba nuestras cabezas. Por supuesto no nos dejamos amedrentar por este detalle y dimos rienda suelta a nuestro consumismo, porque al menos siempre podremos decir que encontramos una ganga falsa muy auténtica en un mercado nepalí en la India, que eso siempre viste mucho, XD.


Como buena ciudad India que se precia, aun siendo del norte, se pueden admirar estampas tan curiosas y entrañables como la de los dos chavales abrazándose. Que a nadie le dé por pensar que son pareja o algo así, entre otras cosas porque en la India (según nuestra guía de viaje) la homosexualidad está penada por la ley (no así las relaciones lésbicas, menuda suerte las chicas, jaja). La imagen captada es sólo una de las muchas muestras de cariño que se profesan los hombres entre sí. No es raro, por ejemplo, ver a dos varones conversando durante largo rato cogiéndose la mano, porque se saludan al encontrarse y mantienen el gesto hasta que terminan de hablar. Al prinicipio es muy chocante, pero ahora hasta yo lo hago con mis compañeros de clase. Lo que me parece más curioso de todo esto, es que a pesar de esa cercanía patente en estos gestos, el contacto entre personas de distinto sexo está muy restringido y públicamente es casi imposible verlo; en mi clase, por ejemplo, nos sentamos los chicos por un lado y las chicas por otro. Hace unos días me dio por sentarme en una de las filas de bancas de las niñas, porque había sitio y porque en esa asignatura en cuestión no me entero bien de las explicaciones, por culpa del depurado acento indinglis de mi profesor. Así que allí que me situé, rompiendo barreras y sentando cátedra, XD. Desde entonces mis compañeros me tienen en mejor consideración (Incredible India!!).

No pudimos dejar la capital del estado sin visitar antes uno de los numerosos templos que alberga. En concreto, el Templo de Jakhoo, dedicado a Hánuman (o Jánumat, el que tiene mandíbula), que es un avatar de Siva con forma de mono. No sé si he contado alguna vez que ya hemos tenido algún que otro encuentro con monos, tanto en el campus como fuera, y que son animales adorables por la tele, pero tremendamente agresivos e inteligentes en vivo, que no dudan en quitarte cualquier cosa que estés comiendo o bebiendo. Eso sí, si la botella es de agua se puede estar tranquilo, ya que prefieren la CocaCola y el Sprite, porque sí, ¡¡las diferencian perfectamente!! En fin, que como es lógico, un templo dedicado a un dios con forma de mono tenía que estar plagado de sus congéneres. El susodicho edificio estaba en lo alto de una montaña cercana a la plaza del pueblo, y el desnivel hacía que tuvieramos que ir completamente echados sobre nuestras rodillas, hasta casi tener que ayudarnos con las manos; muchos de los que nos cruzamos por el camino nos dijeron que los monos no eran peligrosos, siempre y cuando no los miráramos fijatemente a los ojos ni les hiciéramos fotos (¡¡menudos consejos!!). Así que, con todo esto, nuestra visita fue un tanto accidentada, hasta el punto de que por un momento estuvimos a punto de echarnos atrás. Finalmente nos econtramos con un grupo de chavales del lugar que tuvieron a bien acompañarnos (o más bien escoltarnos). No exagero si os digo que en algunos momentos había más de 50 monos pululando a nuestro alrededor, una auténtica locura. Por cierto, el templo era bastante bonito, así que mereció la pena tanto primate suelto, XD.

Tras dos días dejamos Shimla en autobús, con dirección a Manali, donde estuvimos bastante cerca de la cordillera del Himalaya y de lo que hablaré en próximos días.

Un abrazo, Pablo L.

martes, 19 de octubre de 2010

Primeros pasos en el Norte: Chandigarh

Dichosos los ojos, que diría mi madre. El pasado domingo llegué de vuelta del viaje de dos semanas que me he pegado por el norte de la India, y a pesar de que estaba deseando contar mil anécdotas en el blog, he vuelto realmente exhausto, así que una vez descansado, paso a contaros algunas batallitas del viaje; lo haré como los coleccionables de las revistas, por fascículos, que si no el post se me va de las manos y se vuelve infumable, XD.

El día 2 de octubre, a las 7 de la mañana cogimos (mi compañero Ricardo y yo) el vuelo con destino Delhi. Volamos con SpiceJet, que significa algo así como Jet Picante, porque aquí en la India, hasta las aerolíneas pican. Durante ese día, estuvimos conociendo Nueva Delhi, un barrio de Delhi, donde se concentran una gran cantidad de tiendas y mercadillos pensados por y para los turistas, y donde el regateo es una religión; podría asegurar que hasta los propios vendedores no se quedan totalmente satisfechos después de una venta, si no han discutido previamente con el comprador, aunque esto le suponga obtener menos beneficio.

Al día siguiente, muy temprano fuimos al aeropuerto a recoger a nuestras visitas españolas y cogimos un tren a nuestra primera parada: Chandigarh. La ciudad de Chandigarh se encuentra en la frontera entre los estados de Punjab y Haryana, y hace las veces de capital de ambos territorios, aunque no pertenece a ninguno de ellos. ¿Por qué tan curiosa circunstancia? Resulta que cuando la India alcanzó su independencia, el Gobierno central decidió "crear" una ciudad y diseñarla como "expresión de la fe de la nación en el futuro"; el encargo recayó en el arquitecto de origen suizo Le Corbusier, que proyectó una utopía vanguardista en la que reinan "la aritmética, los elementos modulares y la geometría". Así que mirar el mapa de la ciudad de Chandigarh es como observar un tablero de ajedrez, porque el territorio está dividido en distritos de formas rectangular o cuadrada; vamos, que es como si lo hubieran diseñado a escuadra y cartabón. Es totalmente distinta a las ciudades que he visitado por aquí, y sorprende ver entre tanto caos un proyecto de ciudad tan sumamente ordenada y hasta limpia.

De nuestro día y pico aquí he de destacar el Jardín de piedra de Nek Chand. Este refugiado indio pasó los últimos años de la ocupación británica en Pakistán; en el año 1948, cruzó  la frontera y se instaló en Chandigarh, donde quedó impatctado por la cantidad de residuos generados al arrasar aldeas para la construcción de la ciudad. Chand recuperó todo ese material, se lo llevó a su hogar en la selva y le dio una segundo vida como material escultórico. Acabó creando miles de formas hechas con residuos urbanos e industriales, así como piedra local. Años más tarde, unos funcionarios gubernamentales descubrieron su obra y poco después, se creó el parque que a día de hoy es una de las atracciones más visitadas de toda la India. Como veis, la cantidad de figuras y formas es impresionante; destacan además las zonas con paredes enteras forradas con trozos de platos, vasijas de barro hechas añicos y hasta con ladrones de enchufes. El parque es enorme, cosa normal, porque la materia prima usada nunca escasea, jaja.


No quería finalizar este post sin hacer una mención especial a mis visitas, sin las que hubiera sido imposible haber tenido un viaje tan excepcional. Además, me han obsequiado con abundantes y variados manjares, de los que estamos dando cuenta yo y gran parte de los Erasmus que estamos en Chennai. Muchas gracias por todo!! Todavía recuerdo las lágrimas que casi se me caen cuando vi el aceite y las galletas Dinosaurio... XD.



Un abrazo, Pablo L.

sábado, 2 de octubre de 2010

Cerrado por vacaciones!!

Estos dos primeros días de octubre han sido bastante importantes para mí. A las 17 horas de ayer día 1, acabé el último de mis exámenes parciales de este primer tramo de curso, y las sensaciones han sido bastante positivas. En general estoy teniendo mucha suerte tanto con las asignaturas como con las clases, porque muchos de mis compañeros Erasmus tienen profesores que les obligan a estudiar de memoria, entregarles periódicamente la tarea (sí sí, como lo oyes, jaja, hace  por lo menos 10 años que no entrego yo algo de eso), etc. No me puedo quejar, porque estoy aprendiendo algunas cositas nuevas y volviendo a estudiar materia pasada, por lo que no me está costando demasiado. De todas formas, del cole ya hablaré próximamente...

Además, en estos momentos (ya son las 4.58 de la mañana del día 2/10)  me dispongo a salir de viaje durante dos semanas para visitar el Norte de la Indiaaaa!! Digo, el sur parece que se me ha quedado pequeño, XD. Estaré en Delhi, Chandigarh, Shimla, Manali, Varanasi, Khajuraho y Agra, en principio, así que será un no parar. De hecho, esta entrada no es más larga porque ya estoy con la mochila puesta, así que no hay tiempo para más. Lamento no poder informaros con nada nuevo durante estos 15 días, pero no os preocupéis que estaré bien (vienen visitas españolas a traerme aceitito de oliva y embutidos!!), y a la vuelta tendré seguro mucho que contar. Por supuesto, para tan importante evento he querido mostrarme más indio que nunca; quién sabe, a lo mejor me confunden con un oriundo de Tamil Nadu...XD.


Un abrazo, Pablo L.

sábado, 25 de septiembre de 2010

"...madre, que estoy comiendo bien..."

Este fin de semana estoy de estudio, porque la semana que viene tengo algunos exámenes y hay que aplicarse un poco. Aun así, no quería faltar a mi cita con el blog, así que aquí dejo una pequeña entrada.

Me sonrío al leer el título de este post, porque parece sacado de una película de la posguerra española, en la que un joven pueblerino va a la capital a trabajar y llama a su familia desde la pensión en la que se hospeda. Lleva ya algo más de dos meses aquí (que se dice pronto) y a pesar de estar perfectamente aclimatado, la comida sigue siendo un hándicap, aunque ahora ya no es porque no pueda ni probar bocado debido al picante, sino porque simplemente no me gusta en demasía. Me explico, aquí la comida se basa en una torta de arroz, maíz, trigo,... (dosa, poori, chapati,...), con varias salsas para acompañar, las cuales pueden tener trocitos de verduras, trocitos de patatas, paneer (un queso que se parece al queso fresco, es decir, de por sí no sabe a nada), miles de especias, picante por cuenta, etc. Así que comer es básicamente como mojar pan y rebañar, cosas en las que soy un auténtico experto (habiendo desarrollado, según mi madre, un juego de muñeca excepcional). Las otras comidas se basan en platos en los que el arroz es el protagonista y también los que llevan noodles, que son una especie de espaguetis.

Este hecho nos ha llevado a muchos de los que estamos aquí, a recorrernos varias cadenas de supermercados y tiendas de barrio buscando aquella en la que poder encontrar productos más internacionales, más de nuestra cultura. Finalmente, y tras varias intentonas, creo que hemos dado en el clavo; el susodicho establecimiento está en un barrio cercano, Adyar, y lo hemos bautizado como El Supermercado de Confianza, porque nunca te decepciona, siempre está ahí para ofrecerte sus productos no tan indios. Estaría exagerando si dijera que el otro día se me saltaron las lágrimas cuando encontré vinagre de vino español (aquí suele ser de manzana,, de coco,...), pero casi. Similar a cuando encontré atún en aceite de oliva (de marca impronunciable) que ponía que venía de España; quién sabe, a lo mejor era de la almadraba de Barbate, y estoy un poquito más cerca de lo que parece.

Así que como sé que muchos estabais preocupados por mi alimentación, quería escribir esta entrada para enseñaros que de vez en cuando me pego algún homenaje, como la cena de ayer, que fue bastante parecida a lo que suelo comer en España. Las salchichas eran de ternera, o al menos eso decía el paquete, porque mientras me las comía no conseguía adivinar de qué parte de la vaca en cuestión era; en fin, pensemos que era ternera y ya está, XD (al menos no me he puesto malo!!). La ensalada estaba completísima, con tomatito, zanahoria, quesito, cebollita, atuncito, su vinagre de vino español y su aceite de oliva virgen, que aunque italiano, tenía un color estupendo. De postre un yogur de mango (aquí el tema de los sabores también es muy especial) y un poco de chocolate blanco. De todos los ingredientes, sin duda el más caro es el atún, porque con eso de que es un producto non-veg, sale la lata a unos 2 euros, que con el nivel de vida de aquí es una barbaridad. Así que, que no se preocupe nadie que estoy viviendo a cuerpo de rey.


Un abrazo, Pablo L.


lunes, 20 de septiembre de 2010

La INDIA sobre ruedas

El pasado viernes 17 de septiembre hubo un importante acontecimiento en Chennai, que congregó a muchas personas (oh, menuda novedad!!) a las afueras de la ciudad. No se trataba de ningún festival religioso, boda o película Bollywoodiense; resulta que la escudería de fórmula 1 Vodafone McLaren Mercedes venía a hacer una promoción con su principal piloto en competición, el británico Lewis Hamilton. Lamentablemente, yo tenía clase y no pude ir, pero todo el jaleo que se ha montado me ha servido para pensar en el crecimiento de la India y su industria automovilística.

Lógicamente, cuando pienso en el parque móvil de un país emergente como la India, se me vienen a la cabeza coches de alta gama, monovolúmenes familiares de tamaño mastodóntico y motocicletas de gran cilindrada, pero ver para creer, en la India nada es como debería ser, jaja.

Creo que para poneros en antecedentes, es importante hablaros un poco de TATA Group, que es un conglomerado de empresas indias presente en Asia, Europa, América y África. Posiblemente la marca TATA no os resulte familiar, pero aquí absolutamente todo puede llevar el sello de esta compañía. Sin ir más lejos el longyi que llevo, como viene siendo habitual en mí, es TATA, XD. También pueden encontrarse móviles, casi cualquier aparato electrónico y hasta calzoncillos, por citar algunos ejemplos. Según la más o menos fiable Wikipedia, el grupo está compuesto por 98 empresas que operan en siete sectores: comunicaciones y sistemas de información, ingeniería, materiales, servicios, energía, bienes de consumo y químicos. Pues bien, dentro de este monstruo asiático se encuentra TATA Motors, que es la división encargada del sector del automóvil. A todo esto, que nadie se extrañe del nombre de la compañía, que aunque parece extravagante, no tiene mucha ciencia; es simplemente el apellido del fundador de este mega imperio.

Daré un dato más para que os hagáis una idea de lo paradójico del asunto y de la magnitud de esta sociedad anónima: en el año 2008, el grupo TATA Motors se hizo con las filiales de Ford, Jaguar y Land Rover. Así que la empresa que construye los coches más económicos y eficientes del mundo, ha comprado (entre otras) dos de las marcas que fabrican algunos de los vehículos más lujosos y exclusivos del mercado. Y muchos podréis pensar ahora tras esta pequeña reseña, que los coches en la India son el no va más de la ostentosidad y el derroche, pero como contrapartida os diré que el coche más barato del mundo y una de las últimas creaciones de la firma, el TATA Nano, cuesta en la India la friolera de 1800 €, y llegará a España el año próximo con un precio aproximado de 3000 €. Lógicamente, con estos precios el coche es lo que menos se despacha en vehículos a motor (a la foto me remito), pero su éxito en el mercado está siendo arrollador. Supongo, y hablo sin saber, que sus puntos fuertes serán su bajo precio, su bajo consumo, su maniobrabilidad en ciudad y su fácil estacionamiento, entre otros. Por otro lado, parece lógico que sus principales limitaciones sean el reducido espacio del habitáculo y el maletero, poca potencia y velocidad punta, etc. ¿Pero qué queréis por 1800 €? XD.


También he visto algún coche europeo y hasta de lujo en algunos casos, aunque resulta curioso lo distinto que son los modelos de dichas marcas aquí (atentos al detalle de la L de los novatos, que parece que la acaban de poner con cinta aislante). Por ejemplo, el Ford Fiesta aquí tiene 4 puertas y bastante culo y no está mal tampoco el Skoda Laura, que es prima hermana de Octavia, que se comercializa en España. También abundan los Hiunday, Suzuki y Honda, aunque en su mayoría modelos pequeños y funcionales, que es lo que vende por aquí. Ahora, no todo son coches con forma de huevo; si una persona es realmente importante aquí en la India, tendrá un coche con chófer (como mi jefe de departamento, o el decano de la facultad), y seguramente será un Hindustan Motors Ambassador; este coche se comercializa aquí desde 1958 con pocas variaciones y es una copia bastante fiel de un modelo británico de la misma época.

Obviamente, en un país tan masificado como India, muchos optan por la moto. Según he podido informarme, este país lleva siendo uno de los mayores productores y consumidores de vehículos de dos ruedas desde los años 50. Por aquel entonces, el mercado indio se regía por unas directrices muy proteccionistas, así que todo lo que se hacía aquí, se vendía aquí. Resultado: más motos que en el Jarama, madre mía qué locura. Hay dos marcas que lo parten: la primera es Honda Hero, y es más de andar por casa; la segunda es Royal Enfield, y es como la Harley Davidson de la India.
Honda Hero nació en la decada de los 80 de la fusión de una empresa india de bicicletas, Hero, y de la japonesa Honda. Desde entonces se han hartado de hacer dinero, y en el último año han tenido una cuota de más del 40% del mercado mundial, 40%!! Con lo mal que conducen aquí, que sean ellos los que nos surtan de motos, parece cuanto menos imposible de creer.

Royal Enfield lleva desde 1955 fabricando motocicletas de forma ininterrumpida, y actualmente es un símbolo del país. Su modelo Bullet, es uno de los más comercializados y fácilmente identificables, aunque yo no soy muy motero, así que la primera vez que la ví, ni me enteré.



No puedo terminar este post sin dedicar unas sentidas palabras a los Autorickshaws (comunmente llamados Atos o Rickshaws) y sus conductores. Estos vehículos de reducidas dimensiones y color amarillo, son la versión barata de los taxis europeos. Lo más "simpático" de todo es que aquí en Tamil Nadu se regatea por absolutamente cualquier precio (lo que nos ha ocasionado algunos problemas al salir de este estado, XD), y el de la carrera no iba a ser menos. Los Ato drivers son especialmente cansinos y tratan de darte coba por todos lados; ya vamos cogiéndole el rollo, así que cada vez conseguimos precios casi como si fuéramos indios, pero vamos, que les falta tiempo para parar cuando ven un blanquito paseando, jaja.

Un abrazo, Pablo L.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Vinayagar Chathurthi!!

Este fin de semana de septiembre ha sido muy importante en la India. En este país hay casi un 15% de musulmanes, y el viernes día 10 se puso fin al Ramadán de este año. Además, al día siguiente, sábado día 11, se celebraba Vinayagar Chathurthi, que es una fiesta hinduista en honor a Ganesh, un dios hindú representado con cabeza de elefante.

Así que en fechas tan señaladas como ésta, absolutamente todo el mundo visita lugares santos y decoran cualquier cosa o animal (aunque éste no quiera) con motivos para la ocasión.

Cuenta la tradición, que Siva, uno de los dioses de la trinidad hiundista (junto a Vishnu y Brahmá´), marchó a meditar al bosque dejando, sin saberlo, a su mujer Parvati encinta. Ésta dio a luz a un varón en ausencia de su padre, al que llamó Ganesh. Pasado el tiempo, se encontraba Pavarti en casa mientras su hijo vigilaba en la puerta por si venía algún intruso, cuando apareció Siva. Lógicamente, no se conocían el uno al otro, por lo que creyendo Siva que había un extraño en su casa, le cortó la cabeza al niño. Pavarti salió a la puerta alertada por el escándalo y al ver a su hijo decapitado, se sumió en una profunda depresión. Ante el sufrimiento de su esposa, Siva decidió sustituir la cabeza del recién nacido por la del primer animal que pasara por delante de su morada, y que resultó ser un elefante. Ganesh es un dios muy reverenciado en la India y es asociado con la sabiduría y la prosperidad.

Así que el sábado a primera hora (al menos para mí, porque a las 7.00 está ya medio Chennai en marcha) salimos desde la estación de autobuses central de la ciudad (C.M.B.T.) hacia Gingee (pronunciado /sinlli/). Está a unas 3 horas de autobús, y es una población no muy grande, y que tiene su principal atractivo turístico en el fuerte que tiene a las afueras. Por raro que parezca, y a pesar de tener una pequeña mención en mi guía de viaje, no había más turistas (al menos de piel clara) que nosotros, y eso, a estas alturas, sabemos que es bastante difícil que ocurra. Personalmente volví a sentirme un auténtico extranjero entre tanto indio, y ellos mismos se sorprendían muchísimo de vernos por allí, así que estuvimos saludando, charlando y haciéndonos fotos con un montón de gente durante buena parte del resto del día.

El fuerte de Gingee, situado a 2 Km. a las afueras de la ciudad, está compuesto por dos fortificaciones: Rajagiri y Krishnagiri (del Rey y de la Reina). Según tengo entendido, fueron construidos durante el siglo XVI, aunque algunas estructuras datan del siglo XIII. Por supuesto, en todo este tiempo ha estado ocupado por varias civilizaciones, como los maratas, los mongoles, los franceses y como no podía ser de otra forma, por los británicos.

Personalmente, me encantó esta visita al fuerte, porque ha sido la primera vez que he estado en un entorno natural, alejado del ruido, el tráfico y la contaminación que suelen estar presentes en estas ciudades; de hecho, para ir de Gingee a las fortificaciones, alquilamos unas bicis al irrisorio precio de 5 Rs/hora cada una (unos 9 céntimos de Euro).

Los paisajes eran simplemente espectaculares. A la entrada de ambas edificaciones había sendos carteles informando del carácter monumental y de relevancia nacional de las mismas, pero sin embargo, no había ni rastro de comerciantes, vendedores de baratijas o puestos de comida. Tenía la sensación de estar en un sitio que ha permanecido inaleterado durante los últimos 400 años. Como muchos os habréis imaginado, todas las construcciones del fuerte coronaban montes cercanos a la ciudad, así que para llegar hasta allí tuvimos que hacer un poco de ejercicio y subir escaleras. Llegué a contar 550 escalones en uno de los tramos, así que llegado a ese punto desistí; vamos, que eran un montón.

A última hora de la tarde cogimos el autobús para ir a Tiruvannamalai, que es el centro neurálgico de la zona y que tiene uno de los templos más grandes que he visitado desde que estoy aquí. También, esta urbe, tiene el dudoso honor de ser la ciudad más guarra y peor conservada de cuantas he visitado: qué descontrol, qué de cuervos, ratas, bichos y vacas por todos lados. Hicimos noche en un hostalito bastante apañado y a la mañana siguiente, tras un desayuno a base de poori (de mis comidas favoritas y que consiste en unas tortas de maíz con bastante levadura, acompañadas de un salsa a base de patatas y verduras y no muy picante!!), nos dirigimos al mencionado templo, el cuál dista bastante de nuestras iglesias. Está amurallado y en cada una de las puertas hay una majestuosa pirámide, típica en la arquitectura dravídica, y que recuerda a los templos aztecas o a los zigurats de la antigua Mesopotamia.

En un principio pensaba que podría subir a los diferentes niveles de dichas construcciones, pero para nada. Al acceder al interior te encuentras con un patio enorme en el que se suceden los altares, los techados para la meditación y grandes estanques en los que creo que a ciertas horas del día se pueden bañar los peregrinos buscando, tal vez, purificación. Y digo tal vez, porque a diferencia nuestras iglesias y monasterios, no hay un sólo cartel que invite al turista a informarse del año de construcción, el nombre del arquitecto o las sucesivas remodelaciones que ha sufrido el edificio. Creo que aquí los templos se usan para lo que fueron construidos, y ya está; o eso, o el gobierno indio todavía no se imagina el filón que supone el turismo en este tipo de lugares, XD. Un dato, nos dejaron entrar sin problemas, pero a la salida un hombre que parecía estar a cargo de aquella zona del templo me recriminó de muy mala forma que había entrado en pantalón corto, y que me encontraba en un sitio cultural y religioso, no turístico. Creo que es el primer "enfrentamiento" que he tenido con un indio en los dos meses que llevo aquí, así que seguro que fue una gran falta de respeto por mi parte. Ya me enmendaré a la próxima y me llevaré el longyi!!

Lo que más me impresionó dentro del templo es que había un elefante que te bendecía, jaja, sí como lo oyes. El animal, que tenía pinta de estar cansado de tanta parafernalia estaba moviéndose en el sitio, estiraba su trompa, le ponías una moneda en la nariz y con bastante habilidad te tocaba en la cabeza. A mí más que tocarme me pegó, no sé si porque el animal no midió bien o porque me vio muy pecador y en vez de bendecirme, me castigó, XD. Adjunto documento gráfico de tan singular momento, porque suena a increíble.

Después de comer fuimos a la estación a coger el autobús y viví otra de esas situaciones impensables en España (y creo que en Europa). Bajo un sol de justicia en una estación al aire libre, y tras preguntar a no sé cuántas personas, nos enteramos de que al ser un fin de semana festivo, había tanta gente esperando que para coger el autobús había primero que hacer una cola enorme (ya hablaré algún día de las colas en la India) delante de una taquilla para conseguir un token (vamos, como cuando vas a la frutería y pides la vez). Con ese número tenías que esperar al autobús que te correspondía, subirte en él y allí dentro comprar el billete. Afortunadamente, como pasa siempre por aquí, había una cola para hombres y una para mujeres, así que una de las chicas que iba con nosotros sacó número para todos, porque la fila de las féminas era más corta e iba más rápido. Con todo y con esto tardamos más de 2 horas en montarnos en el autobús y nos pegamos otras 4 horas de vuelta a Chennai. Aunque fue un poco locura, me divertí mucho, porque éramos los únicos blancos, y muchas personas se acercaban a intentar ayudarnos (no siempre con demasiado éxito), así que por lo menos tuvimos conversación durante todo el tiempo. Tomé esta foto en la cola de los famosos tokens, porque me recordaba a los libros de Dónde está Wally? Y digo yo, Dónde está la blanca?


Así que, el que venga de visita, que se traiga una gorrita para el sol y un montón de paciencia, porque falta le va a hacer. Pero eso sí, si se viene mentalizado, os garantizo que se lo pasa uno como los Indios, XD.


Un abrazo, Pablo L.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

ACOCAGUI (Asociacion de Comerciantes Campus de Guindy)

A cualquier sitio al que vamos, la gente nos pregunta de dónde somos, qué estamos haciendo aquí, cuánto tiempo nos quedamos, cuánto dinero nos dan por nuestra beca (aunque parezca mentira, es una pregunta muy normal en la India, no está para nada fuera de lugar), qué carrera estudiamos exactamente, dónde nos quedamos, etc. Todos quedan gratamente sorprendidos cuándo les decimos que cursamos estudios en Anna University, ya que en Tamil Nadu es uno de los centros de estudios superiores más prestigiosos (quizás detrás de los IITs - Indian Institute of Technology). 

Esta pequeña ciudad, que es el campus de Guindy, en la cual vivo trata de dar a los estudiantes todo lo necesario para que puedan concluir satisfactoriamente sus estudios sin salir en ningún momento de sus instalaciones; es decir, que si uno se lo propone, puede pasar aquí los años de carrera disponiendo de una gran variedad de establecimientos y tiendas que le proporcionarán todo lo necesario durante su estancia.  

Saliendo de mi residencia de estudiantes (Kurinji Boys Hostel), a pocos metros y en una zona sin asfaltar, puedes encontrar un conjunto de comerciantes y artesanos que conviven en armonía con los habitantes del campus. Así por ejemplo, podemos encontrar a Naraenan, un indio regordete y bonachón muy simpático que regenta una zapatería. En ella se puede desde comprar unas socorridas chanclas de playa (que con las condiciones higiénicas de los baños se convierten en artículo de primera necesidad) hasta llevar a arreglar cualquier zapato que necesite un repaso. Hoy fui a visitarlo porque traía de España unas botas de trekking que al llegar aquí me di cuenta que estaban en las últimas. Estaba convencido de que tenían difícil arreglo, y que si estuviera en Cádiz ni si quiera accederían a intentarlo. Pero aquí radica uno de los encantos de esta tierra: la gente es tremendamente servicial. Terminó el trabajo delante de mis ojos en apenas diez minutos, y por aquello de la hospitalidad no quiso cobrarme. Le obligué a aceptar 40 rupias, que creo que es algo más de lo que le suelen pagar por estos encargos, pero que al cambio no llega a los 70 céntimos de euro. Mientras trabajaba, me miraba, se reía y se comunicaba con un amigo que le hacía compañía; y digo comunicaba porque Naraenan es sordomudo, y a pesar de esto siempre está rodeado de gente a la que no para de hacer reir con sus historias.

Un poquito más a la izquierda está la lavandería, en la que por un módico precio de 8 rupias la prenda (10 si son pantalones largos, toallas o sábanas) te lavan y te planchan la ropa. Por supuesto el proceso es totalmente artesanal: la ropa te la lavan a mano, te la saquen al aire o como mucho bajo ventiladores cuando el tiempo no acompaña y el planchado, madre mía, qué decir del planchado, la foto habla por sí sola, XD. Sólo añadir que el acabado es más que correcto y que aunque hay manchas que no terminan de salir y la ropa no huele a suavizante, los chavales se lo curran y no suelen tardar más de 1 semana en hacerte la colada, XD. ah, por cierto, la ropa interior no te la lavan (comprensible con los sudores y la higiene que se gasta el personal), así que este año no he tenido campamento de verano con los scouts, pero no os creáis que se me ha olvidado como se lavan unos gallumbos, porque aquí estoy haciendo un Máster en Salud e Higiene que va a durar 6 meses.

Justo al lado de la lavandería hay dos sastrerías. Fundamentalmente se pasan todo el día haciendo uniformes, ya que muchos de los alumnos de Anna University pertenecen al Cuerpo de Cadetes de Tamil Nadu (supongo que a cambio de pagarles los estudios), y además para algunos laboratorios es necesario llevar un traje de prácticas que es precioso; afortunadamente no es mi caso. De cuando en cuando tienen  algún trabajo especial, como arreglar botones, zurcir algún pantalón o coser longyis, como hicieron con el mío, por ejemplo. Si vas a una hora de pleno rendimiento, puedes escuchar la máquina de coser a toda pastilla, porque no es eléctrica sino de pedal, ¡¡como la que tenía mi abuela!! El chiquillo que aparece en la foto no es el dueño, sino un aprendiz, pero madre mía qué dominio tiene; está para hacerle la competencia a Pepi Mayo, por lo menos.

Un poco más retirada del zapatero está la peluquería, que tiene una estética algo antigüita, por no decir arcaica. Mención aparte merece el neón, que recuerda a los mejores tiempos del Bahía Club, XD. Lo cierto es que este establecimiento me ha soprendido enormemente porque está bastante limpio y bien iluminado, todo un lujo por aquí; de hecho, pequeño inciso, el otro día vi en la cantina una rata del tamaño de un gato que me hizo pensar que aquella noche íbamos a cenar comida no vegetariana, jaja, pero finalmente no fue el caso.

Total, como ya me iba haciendo falta un pelaito decidí probar suerte, y he quedado bastante encantado tanto con el servicio como con el precio: pelado + afeitado a navaja = 50 rupias (algo más de 80 céntimos de euro). Así que a la vuelta, cuando vaya a ver a Carlos (el peluquero del barrio), le reclamaré precios tan populares como los de aquí.

Intenté explicarle al peluquero cómo quería que me cortara el pelo, pero tras dos intentonas y tras darme cuenta de que su inglés era bastante limitado, le dejé libertad esperando unas consecuencias no demasiado catastróficas. Pero con lo que me quedé gratamente sorpendido fue con el afeitado a navaja. Al principio estaba con un poco de miedo, pero después me di cuenta de que el tío se manejaba con una habilidad inusitada; qué maestría con el filo, esos movimientos no los tiene ni Butrón (el carnicero de mi madre). Creo que repetiré la experiencia más a menudo, porque además de que el resultado ha sido muy bueno, el personal es muy atento y amable, aunque sin duda tienen menos conversación que mi querido Carlos. Eso sí, el peluquero en cuestión me puso crema de afeitar en toda la cara excepto en la zona del bigote, XD; supongo que quería dejarme un look 100% India. Al final decliné su propuesta, ya habrá tiempo de probar esa suerte.


Un abrazo, Pablo L.